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¡SE PREDICA PERO NO SE APLICA! Dagoberto Páramo Morales



Definitivamente, como dice la sabiduría popular, en Colombia la realidad supera la ficción. No de otra forma puede entenderse lo que está aconteciendo con el cacareado “servicio al cliente” que algunas empresas dicen estar practicando, mañana, tarde y noche. Es increíble que a estas alturas del desarrollo de los negocios de hoy existan organizaciones empresariales capaces de maltratar, engañar y sobre todo irrespetar a sus clientes de forma tan desvergonzada.
Es difícil comprender lo que se ha estado destapando en los últimos días particularmente en muchos sectores de la economía nacional en los que parece que todo puede suceder, como en una especie de embrujo mágico en el que cualquier asomo de decencia y de respeto es un asunto del pasado, una quimera. Todo es tan inverosímil que esto pareciera estar sucediendo no en la Colombia de nuestros amores, sino en el Macondo de los Buendía, o en el Comala de Pedro Páramo. El descaro es de tales proporciones que los ejecutivos de estas renombradas empresas –unas nacionales y otras multinacionales- ya ni se sonrojan por sus promesas incumplidas, ni por el rompimiento de los pactos acordados, y menos aún, por el insistente malestar que están causando en la ciudadanía. De nada les vale el sosegado reclamo que algunos usuarios les hacen, y menos los gritos desesperados de muchos otros a quienes la rabia y la impotencia les han robado la paciencia y la calma. Ni llamadas, ni cartas, ni correos electrónicos, ni denuncias públicas, ni demandas judiciales, los inmuta. Nada, el cinismo de sus reacciones no tiene nombre.
Nada pareciera conmover a los “inteligentes estrategas” de marketing creadores e inspiradores de esta “creativa” forma de acabar con la “gallina de los huevos de oro”. Nadie puede entender que no obstante pregonar a los cuatro vientos que el cliente es su razón de ser –como se lee en sus pomposas misiones organizacionales- poca eficiencia han mostrado al implementar sus “sesudos” procesos de servicio al cliente. Todavía siguen pensando que estas estrategias y estos programas se circunscriben tan solo a una robotizada y desquiciante palabrería que sus funcionarios repiten sin siquiera sentir. La confusión que tienen con la amabilidad y los buenos modales, es lapidaria. Como si lo único importante para un ser humano en su rol de cliente fuese solo la atención y el esmero; eso es lo mínimo esperado. Como si el pilar fundamental del servicio al cliente no fuese el de cumplir la promesa de venta en las condiciones pactadas; no solamente entregando lo ofrecido en la etapa de conquista del comprador, sino resolviendo todos los problemas que se puedan presentar. No es ganarse un mercado a toda costa para luego abandonarlo a su suerte, en mitad de la angustia y el desespero.
Ojalá estas irresponsables organizaciones sean capaces de dimensionar algún día que lo único que están logrando con su inaceptable conducta es cavar su propia tumba, es abrirle espacio a que sus competidores, como ya lo han venido haciendo, se vayan ganando sus clientes. Ojalá que mañana, cuando logren despertar del marasmo en el que se han sumido por cuenta de su arrogancia institucional, recapaciten sobre el daño que le están haciendo tanto a la sociedad en su conjunto como a sus propios intereses. Ojalá que aprendieran que quienes cumplen lo que predican garantizan su éxito, al menos esa ha sido la experiencia de las empresas de clase mundial que han convertido este mandamiento en el eje de su direccionamiento estratégico.

ALFILER: Más que preocupante la situación que viven los defensores de derechos humanos y los testigos claves en ciertos procesos judiciales en Colombia, es indignante; con grandes dosis de frustración. ¿Hasta dónde iremos a parar con estas elevados niveles de impunidad y de indolencia judicial? Y lo peor es que nada se hace, ni siquiera reconocer la gravedad del asunto y sus implicaciones en la sociedad que cada día pierde pierde credibilidad en las instituciones del Estado. Increíble. Es más cómodo para el Ministro de Defensa atribuir los asesinatos de los luchadores sociales a líos de faldas que escudriñar las diversas razones criminales que se encuentran detrás de estos asesinatos. Y también es más confortable para la Fiscalía General de la Nación culpar a fuerzas oscuras las responsables del rosario de aleves homicidios de personas con cuyos testimonios podrían procesarse a las más connotadas figuras de la política nacional. ¡Qué cosas!

Instagram: dagobertoparamo


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